Subió su mirada y lo encontró allí. Aquel tumulto espeso de almas clamaba la aparición de una más misteriosa, salvaje y tosca, pero que al rabillo del ojo murmuraba necesidad... ¿Necesidad? Necesidad de un beso cálido por las mañanas, una cintura a la que abrazar, unos ojos a los cuales mirar en tiempos de tormenta, un hombro en el cual pudiera sucumbir un glacial de llanto y apalabrada su boca pudiese aligerar males. Su necesidad no parecía más que cualquier otra, pero de escaparse de sus manos... podría asemejarse al llanto y pataleo de un niño ante la necesidad del seno materno. Quizás ella fuese quien pudiese partir esa piedra con solo observarla, y desde ese momento esa fue su ambición.
Sonrió en la lejanía, indicando tener algo planeado.
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